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Tatiana Narváez, atleta de hierro


Crédito: Tatiana Narváez


En el corazón de Pivijay, Magdalena, los ángeles marcaron el destino de Tatiana Narváez, la atleta de tez trigueña y ojos color azabache, que renació en 2018 para dar vuelo alto a los sueños del atletismo tras batallar ante la pérdida de un riñon en 2010. El nuevo respiro de vida que la acompañó en el camino pedregoso de la recuperación la preparó para las batallas de sudor, temple, cansancio, pero que en definitiva liberaron la adrenalina de la victoria, como lo marcó Night Race 10K en 2018, la competencia que escribió los primeros trazos de su historia. 'Me sentía viva', la frase que enmarcó su renacer, y la primera oportunidad en el mundo del atletismo. La sensación de emular a Kathrine Switzer, la primera mujer en correr la Maratón de Bostón, quien es una leyenda, así como lo es Tatiana. La cálida brisa de Puerto Rico es la estela a seguir de la primera atleta trasplantada en disputar la competencia de Ironman 70.3, 1900 metros de natación, 90 kilómetros de bicicleta y 21 de running, todo un reto de prosa epica de Edgar Allan Poe. El corazón de la atleta samaria late a mil, retumba como los tambores de gloria que enlistan a los deportistas cuando afrontan el reto de sus vidas. Tatiana ya superó uno, ahora quiere demostrar que los límites no existen para la atleta de hierro, que aún lleva en sus memorias el título de los Juegos Latinoamericanos para Deportistas Trasplantados en 2018.