Rhinos: la casa del rugby de Daniela Alzate
1 feb
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Por: Miguel Puentes

En el mundo del rugby, donde el contacto es inevitable y la fortaleza física es un requisito, existe una fuerza mayor que empuja a los jugadores más allá de la línea de ventaja: la mentalidad. Para Daniela Alzate, la número 11 de Rhinos Rugby Club y referente del centro del campo, la disciplina no es solo un deporte; es una escuela de vida que comenzó en el corazón de Pereira y hoy la proyecta como una de las referentes a nivel nacional.
El origen: Rhinos, la cuna de la pasión
Corría el año 2012. 'Dani', con apenas 12 o 13 años, llegó a una convocatoria escolar invitada por un profesor. No sabía qué era el rugby, pero junto a su hermana, decidió probar. Lo que encontró no fue solo un balón ovalado, sino una familia.

"Llegué al club por un profesor... no conocía este deporte, pero nos gustó", relató. Su debut llegó pronto, en el torneo Germán Horacio, pero fue la Copa Gatorade de 2014 la que selló su destino. En esa final, Dani no solo jugó, sino que apoyó su primer try, dándole a su equipo el título de campeonas. "Fue mi primer recuerdo imborrable", aseguró a La 10co.
Para ella, Rhinos Rugby Club no es solo un equipo; es la base de todo. En el club fue "donde se me abrieron las oportunidades para llegar a un seleccionado. Fue el inicio de todo lo que he logrado con la Selección; siempre estaré muy agradecida de pertenecer a este club", afirmó la jugadora salentina.
La batalla fuera de la cancha

La historia de una rugbier en Colombia se enmarca en la resiliencia, y la de Daniela Alzate no es la excepción. Al preguntarle por el momento más duro con el club, la respuesta no tiene que ver con una derrota en el marcador, sino con la realidad del deporte en el país.
"El momento más duro fue cuando teníamos que salir a las calles a pedir ayudas con unas alcancías para recoger fondos y poder viajar a los torneos", confesó. Esa humildad y sacrificio forjaron el carácter que luego necesitaría para enfrentar su prueba más difícil.
En 2023 sufrió una delicada lesión en los centroamericanos de El Salvador con la Selección Colombia: fractura de tibia en tres partes y peroné. Fueron 15 meses de silencio, lejos de las canchas, con la incertidumbre mordiendo los talones.
"Hubo momentos donde consideraba que no iba a volver a jugar... fue una recuperación demasiado difícil", relató. Pero fue ahí donde nació su mantra. Aprendió a valorar lo básico, como caminar, y cuando volvió a pisar el césped, la sensación fue inexplicable. Su anclaje mental se resume en una palabra: "RESPIRA".
Vuelo de Tucán








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