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Maicol Balanta, Boca Juniors

Colprensa

"Cuando tenía nueve años fue a un torneo de tntercolegiados en Cali. Su posición era la de defensor central, y gracias a su velocidad, estatura y zancada llamó la atención de Hernando Ángel, dueño de Boca Juniors de Cali, quien le abrió las puertas de su club.

"Antes de cumplir los 10 años dejó su pueblo y se fue a vivir a una casa hogar del equipo en Cali. Allá le daban alimentación y todo lo necesario para que solo se tuviera que preocupar por jugar fútbol. El primer cambio significativo que tuvo fue de posición, pues el mismo Ángel les recomendó a los entrenadores de su club ubicarlo como delantero y no como defensor central, con la idea de aprovechar su contextura física.


"Cada 15 días iba en bus hasta Quinamayó para visitar a su familia. Les ayudaba en la siembra y cosecha y volvía a Cali con las manos ampolladas del trabajo, pero con las ganas de progresar y seguir construyendo su sueño. En 2011, tras destacarse en las diferentes categorías, le dieron la oportunidad de pasar a Universitario de Popayán, otro equipo de Hernando Ángel que tenía ficha en la primera B. Allí debutó como profesional con un buen rendimiento: en 39 partidos marcó 11 goles y eso le sirvió para llamar la atención del Júnior de Barranquilla, equipo al que llegó en el primer semestre de 2012 y por fin firmó un contrato soñado con el que le pudo ayudar a su familia a salir adelante.

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"Quinamayó es un caserío a 20 kilómetros de Jamundí (Valle del Cauca). Está rodeado de cultivos de caña de azúcar y la mayoría de sus habitantes viven de la agricultura. Ellos, descendientes de esclavos que llegaron a este territorio provenientes de África en el siglo XVII, tienen la tradición de celebrar la Navidad en febrero y no en diciembre, porque en esa época de festividades no podían compartir con sus familiares por estar al servicio de los terratenientes y dueños de las haciendas de la zona, así que se daban regalos y bailaban al ritmo de las percusiones africanas 45 días después de la festividad original. Esa tradición se ha mantenido". EL ESPECTADOR



Por las calles de Quinamayó están enmarcados los paso del volante 'Cardenal', del valluno que sonrie día a día en las huestes del club que hoy día lo ve encarrillarse en el 'Expreso rojo' de la victoria. El talante que mostró en su infancia, las ganas de luchar, de trabajar hombro a hombro con su familia, son las que le han permitido solventar tiempos de soledad y tristeza en el club capitalino, que en 2019 enfrentó la crisis deportiva con mayor repercusión de los últimos años.

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Ana María Carabalí y su hijo, Juan Ricardo, son la fuente de inspiración cada vez que salta al terreno de juego. Cada balón, cada drible y gambeta tienen la estela de su familia; desde su paso por el Universitario de Popayán -2011- hasta su presente en Independiente Santa Fe. El club que marcó su carrera fue el Boca Juniors de Cali, el primer escalón de aquel niño de 10 años que soñaba con emular los cierres de Paolo Maldini o Lothar Matthäus , pero que el destino, en manos de Hernando Angel, lo ubicó en la zona de gol.