Hay quienes nacen con el destino trazado y quienes, como Sofía, deciden romper el guion a mitad de camino. Su historia no empezó en una cancha de grama perfecta, sino en ese choque brutal de realidades que solo el rugby puede provocar. Venía de la precisión de los clavados, del silencio del bádminton y del mundo impecable del modelaje; un contraste absoluto con lo que estaba por descubrir.