Sofía González y la inclusión del rugby femenino
16 ene 2025
4 min de lectura

¿Al rugby?”…. “¿Femenino?”… “¿Existe?”… Sofía González está más que acostumbrada a este tipo de preguntas y sorpresas. A los 12 años -tiene 24- se animó a entrenar en una cancha con una “H” gigante en cada extremo, desde los 18 integra la selección nacional -hace dos es capitana- y cada vez que le cuenta a un nuevo interlocutor sobre su experiencia con los drops, tries o scrums la reacción es casi idéntica.

“Si soy mujer y juego al rugby, ¿cómo se les ocurre pensar que no existe una categoría para nosotras? Otras veces suponen que me dedico al hockey, como si fuese el deporte obligatorio para las chicas”, cuenta en la charla con Entremujeres, en un intervalo entre sus horas de estudio, entrenamiento, giras, viajes y concentraciones. “Antes me enojaban muchísimo estos comentarios. Ahora me río. A mis compañeras les pasa lo mismo. Lo más insólito es que nos han planteado este tipo de dudas en aeropuertos o viajes, cuando estamos vestidas con el equipo oficial de la Unión de Rugby”, dice.

Apasionada por los deportes en conjunto, su llegada a la pelota ovalada fue casi por casualidad. Una amiga y su mamá jugaban en Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó (GEI), uno de los primeros en armar un equipo femenino, la invitaron a ver un partido y, en el tercer tiempo, a sumarse a una práctica. Se entusiasmó enseguida. Aunque prefirió no anunciar en su casa su incursión. “No se lo conté a mis papás. Pensaba que me no dejarían ir, que iban a decir que era demasiado peligroso para una mujer”, cuenta. Además, su familia era totalmente ajena al mundo del rugby.
El secreto duró muy poco. Al mes siguiente se lastimó una rodilla y tuvo que blanquear qué le había ocurrido. Contra sus pronósticos, no tuvo demasiada oposición. “Mi mamá solo me dijo que me cuidara de los golpes”. Ya comprometida con los valores del deporte -en especial, el compañerismo-, decidió abandonar el equipo de vóley que hasta entonces integraba y enfocarse en descifrar los pases con la pelota hacia atrás. "Mis compañeras de ese momento me dijeron que me iba a convertir en una marimacho, que iba a dejar que me golpearan, que me lastimaría".
Sobre esos augurios, cuenta que su lesión más importante fue una fractura de muñeca. "Lo mismo le pasó a mi hermana andando en rollers", dice divertida. "El rugby no tiene que ver con la violencia. No sé por qué lo consideran así. Hay muchos deportes que pueden ser bruscos y que sus categorías femeninas están instaladas. La desventaja para las mujeres es que empezamos en esto más tarde que los hombres. Entonces, tenemos menos técnica”.








Comentarios