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Jhoana Córdoba 'Tutty': de Bojayá a Minotauros, del atletismo al rugby

  • hace 3 días
  • 3 min de lectura

Actualizado: hace 13 horas


Su historia en Minotauros comenzó después de una etapa larga en el atletismo. Crédito: Jhoana Córdoba
Su historia en Minotauros comenzó después de una etapa larga en el atletismo. Crédito: Jhoana Córdoba

“Comprendí que el rugby es más que un deporte: es una pasión”, afirmó Jhoana Córdoba 'Tutty' al recordar su primer acercamiento a esta disciplina. Nacida en Bojayá, Chocó, e integrante de Minotauro, encontró en el rugby un recambio personal y profesional.


Su historia en la cancha comenzó después de una etapa larga en el atletismo, disciplina en la que compitió durante cerca de ocho años. La pandemia la obligó a detenerse, y en ese paréntesis empezó a sentir que ya no se reconocía del todo en ese camino.


Entonces apareció el rugby. Un amigo le habló del deporte, le mostró videos y le despertó la curiosidad. Lo que vio la atrapó de inmediato: la fuerza, la intensidad y la energía de un juego que no conocía, pero que sintió cercano desde el primer entrenamiento.


Tenía 23 años cuando llegó a Minotauros. Aquella noche, un martes a las seis de la tarde, entró al PRD y observó desde lejos a las chicas entrenando. No sabía todavía todo lo que implicaba el rugby, pero sí entendió que estaba frente a un deporte que exigía cuerpo, cabeza y carácter.


Al principio, su proceso fue lento. Ella misma cuenta que pasó bastante tiempo en el banco e incluso fue aguatera, pero esa etapa también le dejó enseñanzas valiosas sobre el juego y sobre la jugadora que quería llegar a ser.



Para Tutty, una de las mayores virtudes de Minotauro es precisamente la unión del grupo. Crédito: Jhoana Córdoba
Para Tutty, una de las mayores virtudes de Minotauro es precisamente la unión del grupo. Crédito: Jhoana Córdoba

Con el paso del tiempo, Tutty fue encontrando su lugar. Aprendió a leer mejor la defensa, a entender el ataque y a confiar en sus capacidades. En ese proceso la acompañaron compañeras que la marcaron desde el comienzo, como Natalia Castillo, conocida como Coco, y Tatiana Bogotá, Tatis.


Para ella, una de las mayores virtudes de Minotauro es precisamente la unión del grupo. Dice que cada jugadora aporta algo distinto y que, juntas, han construido un equipo fuerte, disciplinado y con mucha personalidad dentro de la cancha.


Uno de los recuerdos más importantes de su carrera llegó en marzo de 2026, cuando Minotauro viajó a Chile para disputar un torneo internacional de clubes. El equipo terminó subcampeón, una experiencia que ella recuerda con orgullo por todo lo que significó en esfuerzo, sacrificio y recompensa.


También guarda con especial cariño el try que marcó en la final del torneo de clubes en Bogotá, el 11 de octubre de 2025, frente a Jaguares. Fue un partido cerrado, duro y exigente, que se definió en los minutos finales y terminó con Minotauro levantando el título.


Fuera de la competencia, Tutty también conserva recuerdos sencillos pero muy suyos, como el día en que decidió trenzarse el cabello con los colores del club. Amarillo de un lado y azul del otro, decía, era su manera de llevar a Minotauro con orgullo, hasta que sus compañeras empezaron a llamarla “la bandera de Minotauro”.


En cada partido, asegura, la acompañan dos frases. La primera la comparte con sus compañeras: “Sin miedo, que para morir nacemos”. La segunda es un mantra personal que la conecta con su forma de entender el juego: fuerte, rápida e inteligente.


Cuando habla de rivales, menciona a las Paisas como uno de los equipos que más disfruta enfrentar. Las considera un desafío grande por su velocidad, su garra y el nivel que muestran en cada encuentro.



Atleta en cuna. Aquí cuando competía en atletismo. Crédito: Jhoana Córdoba
Atleta en cuna. Aquí cuando competía en atletismo. Crédito: Jhoana Córdoba

Pero si hay algo que mueve su historia más allá de la competencia, son sus sueños. Quiere llevar el rugby a su comunidad en Bojayá, especialmente a niños y niñas que merecen conocer este deporte y todo lo que enseña sobre disciplina, respeto y trabajo en equipo.


También sueña con jugar en un equipo africano, en países como Kenia, Ghana o Sudáfrica, por el orgullo que siente de su descendencia africana y por el deseo de aprender de otras formas de vivir y jugar el rugby. Y, a la vez, quiere crear una fundación en su territorio para que el deporte se convierta en una herramienta de transformación social.


Para Jhoana Córdoba Asprilla, el rugby colombiano puede crecer si llega a las comunidades más vulnerables del país. Cree que este deporte tiene la capacidad de abrir puertas donde hoy hay pocas oportunidades y de formar personas desde la fuerza, la disciplina y el cuidado por el otro.

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